Liuba María Hevia y el secreto de hacer música infantil

Lenay Barceló | 26/OCT/2020

La destacada cantautora cubana revela su magia para crear canciones para niños.

Muchos pudieran pensar que el hacer canciones infantiles puede resultar una tarea poco compleja, pero, ¿cuál es la opinión de una de las cantautoras cubanas más prolíferas en la creación de temas para la niñez de casa? Con Liuba María Hevia conversamos en exclusiva para conocer cuál es su secreto como compositora de música infantil.

El descubrimiento

La música infantil siempre me pareció atractiva, no solo en mi infancia primera, sino en la segunda y la tercera, creo que ya estoy en la tercera (risas). Es una experiencia atemporal. A diferencia de lo que piensan muchos, yo creo que es una música que permanece en uno, se queda alojada en una zona íntima y, a la vez, muy a la mano para compartirla. No es como otras tendencias u otras cosas que uno percibe y recibe, que hasta a veces se pierden y uno no se da cuenta.

La música infantil tiene algo muy particular porque cuando es buena, es robusta, deja de ser infantil y es para todas las edades. Es una música que te está sugiriendo, haciendo guiños, que te está educando, que te está señalando con mucha sabiduría. Cuando hablo de esta música te puedo mencionar a Gabilondo Soler, de México, a María Elena Walsh, de Argentina, a Teresita Fernández y Ada Elba Pérez, de Cuba.

La música infantil llega a mí como un referente de algo necesario, algo que siempre aparecía en las descargas y en los momentos más insospechados, en los encuentros entre amigos, por eso no pude separarme nunca de ella”.

La magia de Ada y su continuidad

Yo tengo la dicha de cantar canciones de Ada Elba, ella hizo la letra y la música de casi todas las canciones infantiles que yo canto. Solamente tenemos dos canciones compartidas y fue porque ella falleció a los 30 años de edad y dejó incompletos dos o tres temas, letra y música, por eso fue que yo continué y compartimos los créditos. Pero no musicalicé textos de ella ni de nadie, no es lo que sé hacer.


Muchos piensan, como Ada era conocida como poeta, que yo hacía la música y Ada la letra, pues no. Ada tocaba muy bien la guitarra, era una gran trovadora, pero decía que no cantaba bien, así que no se dedicaba a eso. Aunque no lo hacía ante la gran audiencia, Teresita Fernández la hizo cantar en público varias veces. Se acompañaba muy bien de la guitarra y componía canciones bellas”.

Ahora sí, el secreto de la creación

El acto de componer para niños es un ejercicio sagrado que requiere de mucha responsabilidad. El trabajo para los infantes se convierte en una misión social porque estás educando y transmitiendo lo que tus abuelos te transmitieron a ti, desde tu tiempo, las cosas que te resultan importantes para la familia, para formar al ser humano; para dar a comprender, dar señales que también tú recibiste de tus antecesores.

Muchos piensan que es fácil escribir para niños, yo pienso que es lo más difícil. Es una especialidad dentro de la creación misma, sobre todo porque hay que subir a la altura de los niños. Llegar a ese vuelo alto que tienen ellos. Es muy difícil llegar porque esa lógica que aplicamos nosotros con el tiempo se llama ser persona mayor y dejar de ser niño, o sea, no volar. Cuando uno deja de volar y se convierte en una persona mayor, donde la conciencia y el exceso de objetividad están a la mano, vas perdiendo luces y señales que hacen falta. Por eso escribir para los niños es tan difícil.

Si no tienes una práctica espiritual de ese tipo es más difícil todavía. Pero, además, sino tienes un respeto por este concepto terminas haciendo canciones con diminutivos excesivos todo el tiempo, composiciones casi irrespetuosas, tontas, que los niños enseguida detectan y rechazan al momento; porque saben que los estás subestimando, de alguna manera ellos lo sienten y se ríen de ti.

Yo creo que hacer canciones para niños e interpretarlas es algo que requiere de una responsabilidad mayor. Es una bendición poder escribir y trabajar para los niños, porque entras por una puerta que no tiene salida, entras a un mundo mágico, como infinito, es como entrar en un laberinto al que no puedes renunciar si realmente te lo crees.


Es un regalo de algunos elegidos, no todos tienen esta oportunidad porque, además, los niños tienen algo que vive en ellos, que es la honestidad. Cuando algo no les gusta te lo van a manifestar de muchas maneras, y eso es duro, la verdad a veces duele, es difícil, pero qué buena es, qué sanadora, que sensación de seguridad provoca.

Por eso trabajar para los niños es un reto y también un espacio para descontaminarte de todo lo demás que se mueve en un mundo como el de hoy. Es limpiarte, llevar a tu vida el oxígeno que falta en la calle, llenarte de ganas de vivir y de ser mejor cada día. Por ellos, haciendo mucho siempre, estamos haciendo poco”.

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