foto: Tomada de internet

El mundo de Benny Moré

RAFAEL LAM | 7/FEB/2013

Suenacubano.com rinde homenaje al Bárbaro del Ritmo en el aniversario 50 de su fallecimiento, el próximo 19 de febrero, con semblanzas de su azarosa vida

Benny es el símbolo de la música popular cubana. Él culmina y sintetiza el mundo tradicional africano y campesino de tradiciones europeas, la descarga, la bohemia, el bar, el café, el cabaret, el teatro, el espectáculo, la comida, la sensualidad criolla, la alegría cubana.

Benny sintetiza, culmina un proceso que parte de la milenaria África y de la España ancestral y lo presenta con una gracia y un encanto mágico. Y sabemos que no hay artista ni hay cultura sin magia.

Casi por unanimidad es considerado uno de los más geniales artistas que ha producido el continente americano; algo parecido es muy difícil encontrarlo en cualquier lugar del planeta.

El público más sencillo y humilde sintió al Benny como su representante, como su figura cumbre. Para ser el más importante y famoso artista de un país debe contarse con una autenticidad indiscutible, tener una historia, concebir un ambiente, un agón, como decían los griegos de la antigüedad.

Y para que la novela sea completa, recordemos que el cantor se presentó por última vez, después de haber vomitado sangre varias veces. Sólo recordamos dos casos parecidos: Mozart y Chopin.

CONCEPTO

Benny Moré es un genio musical, todo genio musical se apoya en un concepto, en una tesis, académica o no. Benny no fue un músico académico, escolar, de conservatorio. Fue un músico espontáneo, primitivo, natural; vale decir, auténtico; de brillante inspiración y talento innato, al decir del musicólogo Jesús Gómez Cairo.

Desde niño aprendió cantos, bailes y toques guajiros de origen africano, décimas, coplas, tonadas tradicionales o creadas. Participaba en bailes, guateques, descargas, serenatas. Adquirió el dominio de inflexiones y timbres vocales. Aprendió diversos instrumentos de percusión y llegó a dominar con asombrosa maestría la clave, algo esencial en la base rítmica cubana.

Lo sorprendente en el Benny consistía en ser un cantante con dotes especiales únicas, un compositor de canciones emblemáticas, un director de orquesta que explotaba con su embrujo todas las posibilidades de los instrumentistas. Era simplemente un fenómeno musical.

Con asombrosa maestría, Benny convirtió un proceso altamente complejo en un arte sencillo, en la manera de bailar, de gozar, de vivir; sin embargo, lo creado por el Benny no es posible de reproducir por otro artista. La atmósfera de éxtasis y frenesí colectivo, de clima emocional que provocaba con sus interpretaciones y con su Banda Gigante, nadie puede lograrlo como él. El arte se hace para ser vivido y para ser sufrido, ahí está el secreto. Esta es la proeza más grande del Benny Moré.

Benny no es comparable con nadie, hay que darle de comer aparte; solamente se puede comparar con él mismo. Conforma un arte moderno; todo cantante famoso que trasciende en el tiempo y el espacio, tiene como fundamento una creatividad que lo hace ser distinto, contemporáneo, Benny y Pérez Prado se adelantaron más de medio siglo a su tiempo, quizás hayan creado una modernidad eterna; verdaderos clásicos de siempre.

La música tiene un timbre que con mucha celeridad se pone viejo, solamente hay casos privilegiados como el Benny, que sus grabaciones poseen una modernidad asombrosa, clásica, ejemplar. El misterio hay que buscarlo en la magia, y la magia no se explica.

ALI BAR

El cabaret Ali Bar es uno de los rincones emblemáticos del Benny Moré, allí fue su “cuartel general”, donde dejó una leyenda aguda. En sus presentaciones compartió el escenario con todos los cantantes que estaban en el candelero musical.

Resulta que el Benny tenía su casita con su conuco bien sembrado y algunos animales en La Cumbre, Caballo Blanco, San Miguel del Padrón; bastante cerca del famoso cabaret. Esa zona —aunque ahora parece detenida en el tiempo— era antes muy concurrida, por constituir la encrucijada con la Carretera Central. En el espacio de un kilómetro, Benny realizaba su vida cotidiana. En aquel entonces, por allí existían diversos cabaretuchos, clubs, cafeterías, que estaban conectados con el paso de la Carretera Central.

El músico y compositor Senén Suárez, quien vivió muchos años por esa zona me explica: “Esta parte habanera era muy populosa, la noche parecía el día. Benny Moré tenía crédito en el Club 17, espacios donde cantaba. Yo lo conocí frente al Pasapoga, que no cerraba nunca. Lo veía a menudo hacer dúo, en la victrola, con alguna de sus propias grabaciones. En uno de esos encuentros, nos hicimos amigos y le ofrecí mi composición “Soy campesino”. Hace un tiempo el grupo Orisha grabó en nueva versión sobre ese disco “Soy campesino”, interpretado por el Benny”.

Por esos días en que Benny cantaba en el Pasapoga y La Cubana, un tal Silvino, le informa a Alipio García (dueño del cabaret Ali Bar) que en el Bar de José había un cantante negrito que acostumbraba a pagar todos los tragos de los visitantes y cantaba muy bien.

Según datos de Reinaldo Herrezuelo, “Rey Caney”, Benny Moré comienza en el Ali Bar en 1953, año en que estrena su Banda Gigante, aunque sus presentaciones las hacía con un pequeño grupo del cabaret, a veces reforzada con el trombón de Generoso Jiménez. Solamente en una ocasión el lajero se presentó, como algo especial, con la Banda Gigante. Benny cantaba cuando podía o cuando quería, porque también alternaban cantantes de moda: Roberto Faz, Fernando Álvarez, Ñico Membiela, Miguel Matamoros, Orlando Contreras, Blanca Rosa Gil, Orlando Vallejo, Rey Caney.

Benny tenía muchos compromisos por toda Cuba, pero siempre recalaba en el Ali Bar. Ese es el motivo por el cual, en el propio cabaret se colocaba un letrero donde informaba la visita del cantor:

¿VENDRÁ HOY EL BENNY MORÉ? ¡NADIE LO SABE!
Otro letrero decía:

¿EL BENNY ACTÚA HOY? ¡SEGURO! YA ESTÁ ADENTRO!

El “Mono” Pérez, un panameño que contrataba al Benny en Panamá, me contó que el Bárbaro del Ritmo, en sus presentaciones, llenaba de autos la zona, donde casi no existía donde parquear. “En una ocasión —cuenta el Mono—, nos encontramos con una fiestecita de gente pobre y Benny se puso a cantar allí y dejó sus compromisos en el Ali Bar.  ‘Aquí estamos mejor, entre gente pobre que no tiene nada’, me dijo el famoso cantante”. En realidad recordó sus tiempos de pobreza y hasta regaló dinero a los que no tenían ni que comer. Así era el Benny.

Esta es la saga del Benny por el Ali Bar, algunos aseguran que en las noches escuchan, como en el Fantasma del Circo, la voz del gran cantor de Cuba entonando sus grandes éxitos musicales.

BENNY HUMANO

En el sentido humano, de la vida del Benny se ha comentado mucho, hay bastante leyenda. Benny es un mito que da para muchos libros. Se sabe que terminó su vida sin un centavo, ofrecía dinero a todos los menesterosos.
Es conocida la anécdota de una mujer harapienta que se presentó ante el Benny con una niña en brazos. Le dijo: “Benny, yo fui novia tuya”. Benny se conmovió ante ella y le dijo a su administrador que le diera todo el dinero del pago del baile de esa noche. El administrador le expuso que la suma ascendía a unos mil pesos, una fortuna en aquel entonces. Benny insistió, finalmente el administrador accedió. Después el dinero fue pedido al dueño del cabaret Ali Bar, Alipio García.

Enrique Benítez, cantante y pariente del Benny, a veces reñía con el lajero pidiéndole ser más pretensioso, porque, en ocasiones, trabajaba y no cobraba, se lo daba todo a sus músicos y a la gente. “No, compadre, yo me debo al pueblo, trabajo para el ellos, porque usted sabe que esa es mi gente”.

La personalidad del Benny es muy discutida, como observamos en la película El Benny, realizada por Jorge Luis Sánchez. Leonardo Acosta, uno de sus músicos lo describe de esta manera: “Ni guapo ni tampoco manso, ni era bobo ni trataba de ser vivo. Ese vivir al día, volcado sobre el mundo y sus cosas, fundido con la música, en ese desapego, esa inmediatez se intuye una máscara, tras la que se ocultan muchos sinsabores, años de hambre y pobreza, años anónimos de errabundo juglar trovadoresco. Ese transitar por tiempos de miseria que minan su organismo y engendran la ya enfermedad hepática que lo llevara a la muerte. Es el trasfondo y a la vez reverso de la otra faceta que todos conocemos, centrada en la avidez nunca satisfecha de canto y vida, como quien sabía que debía andar de prisa, pues era poco el tiempo que le estaba reservado”.

Cuando entrevisté en el Hotel Riviera a la primera esposa del Benny, la mexicana Margarita Bocanegra, ella me contó que la primera conversación con el Benny fue mientras comían helado. “Me reveló que había pasado mucho trabajo en su vida para llegar a ser cantante profesional, que tuvo que pasar el cepillo, “el sombrero”, por bares de La Habana Vieja; de algunos de esos bares lo lanzaban a la calle y entonces cantaba a los turistas por el Malecón”.

Según Acosta, el Benny era un poco despistado, algo muy usual en los creadores de música. El Benny vivía para la música. Las reclamaciones de contratos llovían. Un cantante de moda siempre tiene demanda: bailes, carnavales, fiestas. En una presentación de estreno de la producción El Solar (1959), en el fastuoso cabaret Montmartre, quedó dormido por agotamiento físico y mental, dejó esperando al gran público. Benny —al igual que Pérez Prado— se quedaba dormido en todas partes y hasta en los momentos en que comía.

“Yo era un hombre feliz. Cantaba a gusto en mis programas. Me iba a los bailes con mi orquesta. Nadie me exigía, nadie me regañaba reloj en mano pidiéndome cuentas. El día tiene 24 horas, yo no dormía ninguna ¡Yo no sé qué ha pasado. Ensayo a las diez de la mañana. Se canta en la TV por la tarde. Otra tanda por la noche en el teatro y el cabaret al final dos tandas. Regreso con la claridad del día. Tengo que detenerme en plena carretera para no irme dormido contra la cuneta. Una noche noté que se me iluminaban los ojos y no veía nada. Me tuve que parar y dormir diez minutos. Así pude llegar a casa. Al otro día en la mañana me vinieron a buscar para grabar y así lo mismo otra vez, me fundo”.

Benny nunca ha sido considerado santo, tenía virtudes y defectos propios de los hombres cubanos, latinos. Aunque no cabe duda de que era un hombre “elegido”.

COSTUMBRES DEL BENNY

Benny practicaba la pesca, especialmente con red y jamo. Era amante fuerte del béisbol, el juego de dominó y de barajas. Le gustaba hacer cuentos de viejos negros esclavos africanos, lo hacía agachado, costumbre guajira.

Sus comidas preferidas: butifarras del Congo. Preparaba una rara comida lucumí: yuca con harina de castilla, grasas y bolas de maní. También plátano con chicharrones y mucho quimbombó. Preparaba jutías asadas aderezadas con pedazos de caña de azúcar para amortiguar el amargor. Adoraba las comidas criollas: lechón asado, tasajo, bacalao, quimbombó, arroz con camarones, ajiaco; además, rabo encendido con mucho picante, costumbre mexicana. Y, por supuesto, era enfermo a la comida china, en el restaurante El Pacífico: arroz frito, tapita y pao. Acostumbraba a comer huevos pasados por agua, con mucho ajo, sal y aceite, para resistir las bebidas, según me contó Odalys Fuentes.

No era amante de la cerveza, sino del ron Peralta y Matusalén. Tomaba mucho café y fumaba. No gustaba vestir de etiqueta, andaba en mangas de camisa, muchas veces se acostaba en el suelo, para refrescar, mientras dictaba algún arreglo musical. Ya sabemos que tenía un conuco, en el barrio de La Cumbre, en San Miguel del Padrón, donde criaba cerdos y gallinas a las que les ponía nombres de artistas.

El rey de la música cubana nació en Santa Isabel de las Lajas, el 24 de agosto de 1919, y falleció en La Habana, el 19 de febrero de 1963.

El artista dejó una huella que nadie ha podido llenar, quizás nunca será superado. Dicen que la música es más duradera que las piedras, este es un creador de larga travesía. Cada pueblo tiene sus músicos motores, Benny fue un caposcuola (cabeza de escuela popular), se metió en el ADN de su pueblo, es un músico de celebración. El psicólogo Manuel Calviño dice que “siempre se vuelve a lo perdido”.