foto: Tomado de Internet

Gretell Barreiro: No hay freno

MARINO LUZARDO | 21/ENE/2013

Detrás de una belleza que encandila hay un talento enorme que seduce. Ese es el caso de esta joven artista que ha demostrado que sabe lo que quiere.

Detrás de una belleza que encandila hay un talento enorme que seduce. Ese es el caso de Gretell Barreiro, joven artista que ha demostrado con seriedad que sabe lo que quiere y que tiene además el tino suficiente para llevar su carrera por buen camino. Coincidimos hace algún tiempo y coordinamos este diálogo para nuestros lectores, aquí se los ofrezco, con la intención de que conozcan, a través de sus palabras, cómo se mueve el universo creativo de esta mujer.

¿Cuándo descubriste que la música sería el centro de tu vida?

Cuando me di cuenta de que en el ballet no tenía mucho futuro. Fue una desilusión tremenda, pero el universo te encamina hacia tu lugar… Desde los siete años comencé a estudiar piano en el Conservatorio Manuel Saumell y luego hice el nivel medio-superior en el Amadeo Roldán. Ha sido como algo muy natural, quizás porque no recuerdo otra manera de vida, o por mi familia, donde la música ha sido siempre el centro de todo. Luego, con el tiempo y la conciencia, después de lo “natural” o la “inercia” del estudio, como digo yo, viene el encontronazo con la realidad, con la vida que tomas, cambias, transformas; según tus intereses, según lo que te haga realizarte personal y profesionalmente dentro de este mundo tan, pero tan inmenso que es el arte, y dentro de él, la música. Cuando me gradué de piano choqué con esa realidad que me imponía definir qué camino me interesaba tomar. Fue entonces cuando empecé a cantar, primero como hobby, a estudiar en la Universidad la carrera de Estudios Socioculturales, de la cual me gradúo este año y estoy feliz con ello, por todo lo que me aporta; y luego, cantar, acompañarme tocando y componer.

¿Cómo te diste cuenta de que también tenías aptitudes para componer?

Creo que la primera aptitud que, en mi opinión, se debe tener a la hora componer, es la actitud. La capacidad de reconocerte en esa inquietud, el bichito de crear, de reproducir los sonidos, las imágenes, las experiencias, fantasías, colores, ánimos, historias que vuelan todo el tiempo en tu cabeza; la intuición y el querer decir, comunicar. Luego las aptitudes que me diga otro si las tengo… Cierto es que la escuela te da herramientas, pero no todos son los que se animan a componer, y tampoco es que con eso sea suficiente. La Composición es una especialidad dentro de la música, la cual respeto y diferencio. La figura de mi abuelo, Carlos Fariñas, me impone ese respeto ante lo que hago; así como la seriedad y responsabilidad con la que compongo, y el reto que significa para mí. Componer implica altos valores, es complejo, y reconozco que tuve la suerte de haber aprendido cerca de él, de haber contado con sus sugerencias y criterios sobre mi manera de hacer música. Quizás por estas razones es que prefiero decir que camino por la composición de manera instintiva, intuitiva, espontánea, aunque mi abuelo decía que “no hay nada de espontáneo en la composición”.

Realmente la “musa” no es otra que sentarse a trabajar, comprobado está, con sus riesgos: a algunos les gustará a otros no. Así es la riqueza subjetiva del arte. Actualmente, aunque ya han pasado tres años desde que tomé la decisión de componer y hacerme de una música que me identifique, estoy en proceso de descubrimiento, de exploración, de búsqueda; con ideas y patrones muy claros, pero con puertas abiertas a muchos cambios y caminos. La idea de componer mis propias canciones nació al descubrir lo principal: la fe en un lenguaje que te identifique, en la sinceridad de lo que escribes, la seguridad de sentirte tal cual eres y la confianza en ello para tener el valor de mostrarlo a un público.

¿Recuerdas tu primera canción? ¿Cómo fue el paso de instrumentista a cantante?

Sí, fue en 2005. Le hice la melodía y el texto a una música… Se llama “Mis motivos” y fue mi primera experiencia como cantante solista. Era miembro de una banda joven que soñaba con buena música, se llamaba Lego. Allí comencé a tener más relación con la música popular, a tocar los teclados y cantar un poco más seriamente.

Pero considero que no puedo dejar de mencionar la canción que me hizo dejar de “jugar” con el hecho de escribir. Esa canción fue, sin dudas “Iguales”. El texto lo escribí en 2006 pero lo terminé en agosto de 2009, cuando la vida me dio la posibilidad de hacer mi disco.

Siempre me gustó cantar, pero me daba una pena tremenda. Cantaba escondida en el baño, o cuando estaba sola, o en algún pasillo del Amadeo, junto con un grupo de amigos, en descarga. Aún hoy en casa, mi mamá me pide, así en frío, que le cante algo y le digo que no, que espere al concierto, al parecer el escenario cumple su función de lograr desdoblarme, no sé por qué, pero es así.

En el año en que me graduaba de piano en el Amadeo conocí a Eric Méndez y comencé a hacerle voces y coros en sus conciertos, manteniendo ese trabajo por varios años en cuanto evento en la ciudad estuviera invitado, hasta que en 2010 grabé las voces de su primer CD en estudio. Fue plasmar a la posteridad un material trabajado y sentido desde hacía cinco años o más. Luego se sumaron trovadores con los cuales colaboré, como Silvio A. Rodríguez, entre otros. Es evidente que lo bohemio del mundo de la trova me cautivó a experimentar cosas nuevas, sin que me diera cuenta de lo serio que se iba poniendo. Después me curtí más como solista en un viaje a Japón, durante un año, y luego me planteé la posibilidad de cantar, definitivamente.

Para mí es primordial el disfrute en el arte, tanto en la creación, como en la ejecución en vivo. Ese disfrute me lo ha dado el canto y el piano. Me abre muchísimo el espectro el hecho de tocar y acompañarme, de hacer mi propia música y, también, interpretar la de otros.

¿Sobre qué base eliges tu repertorio?

En mi corta carrera cantando he tenido que asumir disímiles repertorios, algunos escogidos y pensados, otros impuestos por determinados requisitos. Me gusta tomar riesgos, más cuando aún es tiempo de aprender, absorber y tomar experiencia. Creo tener bastantes claras mis ideas acerca de con qué música me identifico más y qué tipo de canciones tomaría por descartadas. Es como hablar un idioma que no conocieras… Imposible. Tengo puertas abiertas para muchos géneros y estilos, desde la trova, géneros cubanos, hasta el jazz, el funk, el rock; por los que he transitado. A la hora de elegir, lo esencial es que te identifiques con el arreglo y el texto, sentir la historia que se cuenta como tuya y decirla a tu manera.

Te diste a conocer para muchos en el Café Jade, ¿qué significó este lugar para ti?

Fue muy buena experiencia. El lugar donde durante un año entero mostré y probé mi música a un público que se incrementaba cada día y se aprendían mis letras. Interpreté muchísimas canciones que me complacían personalmente, compartí cada viernes con amigos músicos que accedían a mi invitación. Cada semana era casi un repertorio nuevo, un formato diferente y muchos músicos, tanto jóvenes como consagrados pasaron por allí. Por citar algunos: Raúl Torres, Lynn Milanés, Polito Ibáñez, Jorgito Aragón, Jessica Rodríguez, Ruly Herrera, Deja-Vú, David Torrens, Isis Flores, Frasis, Gerardo Alfonso, Eric Méndez, Augusto Enríquez, Alejandro Enríquez, Adrián Berazaín, Ray Fernández, Reinier Aldana, Ana María, 3 Palabras, Rolando Luna, Sory. Pero sin dejar de mencionar a los grandísimos amigos y músicos que estuvieron siempre acompañándome: Dayron Ortega, en la guitarra y el bajo, con quien me divertí y tuve el privilegio de contar, y en la batería, Emilio Veitía. Fue un ciclo hermoso. Aún hoy, cuando ya no existe el Café Jade, por desintereses y desgracias, hay mucha gente que me pregunta por él.

¿Qué lugar ocupa en tu carrera la experiencia vivida junto a Lizt Alfonso en Amigas?

Lizt Alfonso me tomó por sorpresa, desprevenida, ella es intrépida. Me llamó, me escuchó cantar a un metro de distancia y acepté sin pensarlo dos veces. Ha sido una oportunidad de esas que te llegan y atrapas, pues no sabes si otra vez en la vida van a coincidir tantas constelaciones para llevarla a cabo.

Llegué a Amigas cuando ya la obra se había estrenado hacía un año (en 2011) en Alemania. Se había realizado un trabajo con el rigor, la profesionalidad y la ambición de siempre ir más allá que caracteriza a toda la compañía. Ya había un elenco de cantantes a las que admiro y respeto muchísimo: Sory, Maureen Iznaga, Niurka Reyes e Ivette Cepeda. Para mí, fue —y es— un reto personal y a la vez una nueva experiencia profesional, intensa, completa, abarcadora.

Tengo que interpretar un personaje que se aleja, en muchos sentidos, de mi persona, de mi edad, hasta de mi manera de cantar, de caminar. ¡Me aporta tanto en muchos sentidos! Actuamos, aprendemos y descubrimos constantemente, desde el primer ensayo hasta las correcciones de las funciones. Lizt y todo el equipo, Laritza Vega como profesora de actuación, todos está pendientes del último detalle, dispuestos a sacar de ti el máximo de expresiones y emociones, a enseñarte secretos y reglas —hoy no tomadas muy en cuenta a la hora de enfrentarse a un escenario—, entre muchos otros elementos que hacen riquísimo el trabajo dentro de la Compañía. Las exigencias, el tiempo, la energía, los detalles, no son más que la búsqueda sin límites, la exploración de emociones y sensaciones diversas que sé que en el futuro dejarán huella en mí. Seré una artista más preparada y completa después de esta experiencia, que aún no termina.

Luego te hemos visto junto a D'javú, ¿qué puntos de contacto musical unen tu quehacer con esta banda?

Deja-Vú es una banda y un grupo de amigos a los que quiero y admiro muchísimo. Soy fan de su música desde hace años. Son excelentes músicos que con la voz e inventiva de Yamil Reyes, su director y cantante, han logrado construir su burbuja, su espacio dentro del universo musical que los distingue, tanto por la música como por el show que proponen y por la unión del grupo (cosas envidiables en estos tiempos). Por eso creo que nuestros intereses y contactos nos han identificado aún más allá de la música que cada uno hace y que cada vez con más frecuencia creamos y compartimos juntos. Nos hemos unido por amistad, amor, confianza, fe y “guerrilla”, como le decimos a la lucha casi “armada” (de música por supuesto) que llevamos en este mundo convulso de la comercialización del arte.

Es como un lazo invisible que nos amarra a creer y luchar por lo que hacemos, a buscar y encontrar cada día la motivación, la confianza y la fe en el arte sincero, en el arte del alma. Soñar, trazar estrategias, plasmar nuestras vidas en la música como único papel certificado necesario. Nos divertimos mucho juntos, cada uno en el grupo tiene una particularidad y aporta lo suyo, me nutren de ideas, posturas y energías nuevas a la hora de crear, grabar o actuar en vivo. ¡Los quiero, chicos! Que el camino nos lleve siempre de la mano y en la misma dirección.

¿Dónde se puede disfrutar de tu trabajo?

Actualmente me estoy presentando con mayor frecuencia en el Submarino Amarillo, donde me acompañan los músicos de Deja-Vú. El rock and roll está sacando muchísimo de mí y lo aprovecho al máximo. Me siento súper contenta con el trabajo que estamos haciendo, muy organizado y profesional. Sigo concentrada en la publicación de mi primer disco, así como con mis compromisos dentro de la Compañía Lizt Alfonso. Me interesa mucho la promoción audiovisual, espero un 2013 intenso, lleno de escalones. No hay freno.

El Submarino Amarillo se ha ganado por derecho propio la preferencia de muchos melómanos en la capital. Algunos acuden solo para ver cantar a Gretell y dejarse llevar por un show que, amén del género, siempre suena cubano.