Enid Rosales refresca a Colombia con su brisa pasajera

Ricardo R. González | 25/FEB/2015

La tresera cubana presenta en ese país su primer CD, titulado Brisa Pasajera

A veces el destino juega su mala pasada para prender las luminarias del futuro. Una especie de cajita de sorpresa de la que Enid Rosales no escapó cuando, a los 14 años, se presentó a los exámenes del Conservatorio Adolfo Guzmán a fin de expresar sus sentimientos a través de la guitarra.

Sin embargo, no fue posible, pero le llegó la segunda opción: el tres, y desde entonces comenzó a tejerse ese amor por el instrumento que solo los músicos saben explicar. Una magia que enamora el alma para volar y tocar a las puertas de quienes toman el arte como nutriente inseparable de la espiritualidad humana.

Ahora Enid anda de viaje. Presenta en Colombia su primer CD, Brisa Pasajera. Un fonograma que vio la luz en 2012 como producción independiente, y se nutre de 13 temas compuestos en su mayoría por ella, a partir de las raíces de la música cubana de todos los tiempos.

Comunidades, parques, escuelas y centros nocturnos se han convertido en escenarios para regalar un exquisito arte, gracias al intercambio cultural entre el proyecto Caja de Música, de Bogotá, y la cubana Asociación Hermanos Saíz, en aras de lograr la promoción cultural y el esparcimiento tributado por agrupaciones nacionales y foráneas que recrean al público con la inmensa acuarela propiciada por la música.

Pudiera a muchos sorprenderle que una mujer ejecute el tres, mas a Enid Rosales no le asombra. Le resulta, según sus propias palabras, un instrumento espectacular que puede acompañar o realzarse como solista.

Y no olvida nunca las concepciones de su respetable maestro Efraín Amador, quien lo califica como un medio para expresar lo que somos capaces de hacer como intérpretes despojado de cualquier tipo de limitación.

Por eso la “hacedora de canciones”, como ella misma se define, declina la hipótesis de que el hecho de ser mujer minimice las posibilidades para la ejecutoria de cualquier instrumento. “Lo importante es la dedicación, el estudio y respeto a los grandes maestros que nos han antecedido”, sentencia.

Sobre la base de esta premisa, Enid Rosales ilumina el pentagrama. Puede sorprender con un son o reggae, transitar por el changüí, la samba, la canción y el bolero, hasta detenerse en las grandes obras de Bach o de otros íconos de la música universal.

Y en este empeño no anda sola por Colombia. Busca el apoyo de jóvenes músicos cuyo talento se reafirma para brindar la complicidad en favor del encanto.

Por eso, en la gira, la directora, voz y tresera del grupo suma a su complicidad a Olivia Rodríguez, como ejecutante del bajo, mientras Alejandro Aguiar hace de las buenas suyas en la percusión, Gabriel Oramas se encarga del piano, y Reinier López está atento a cada detalle en el rol de ingeniero de sonido.

Una magia entretejida para hacer que cada nota llegue en el momento preciso, para aliviar el alma de las tensiones y reafirmar que la música constituye el lenguaje universal que une a pueblos y culturas. En otras palabras: que cada persona se recree a fin de dar riendas a sus pretensiones como ser humano único e irrepetible.

Retomo el disco de Enid. Ojalá que alguna disquera cubana abrace a un proyecto peculiar para nutrir sus catálogos. Un producto que sale de las meras entregas personales para compartirlas con otros músicos invitados.

Que no falten Vicente Alejandro y Hernán Rivero, dos de los integrantes del grupo DcoraSon, que ya inscribe sello propio dentro del panorama musical cubano, el ya conocido Adrián Berazaín, la violinista Roxana Iglesias y su cuarteto de cuerdas Frasis, y la chelista Isabel Paula García.

Con antecedentes de acompañar a consagrados como Liuba María Hevia, el dúo Karma, o el trovador Erick Sánchez, entre otros; un día Enid Rosales decidió transitar por su propio camino, ese que, a pesar de escollos y adversidades, escogió con la finalidad de trasmitir a su público el amor y la paz que alimenta a sus entregas bajo la más absoluta sinceridad.

Ese constituye el mayor impulso para un artista que vuelve a ser como el primer día cada vez que baja el telón. Por eso, y por mucho más, Enid Rosales refresca a Colombia con su brisa pasajera.