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Lindiana y Mantra: una tierra de libertad

Michel Hernández | 20/ENE/2016

La agrupación ya dejó atrás su condición de promesa para establecerse en la música cubana contemporánea como un grupo sólido y con credenciales muy originales.

Hace algunos años hablábamos de Lin­diana y Mantra co­mo una sorpresa y una revelación en el panorama insular por la manera en que entregaban un discurso so­noro basado en la incorporación de la llamada world music, con elementos del jazz y el rock.

No obstante, la agrupación ya dejó atrás su condición de promesa para establecerse en la música cubana contemporánea como un grupo sólido y con credenciales muy originales, algo que atestigua su segundo ma­terial discográfico, Terras, grabado casi en su totalidad en Angola por la disquera Letras & Sons.

El ensemble liderado por la vocalista, compositora y arreglista Lindiana Murphy y el saxofonista Alexander Díaz, que en un principio se acercó al trabajo con instrumentos africanos y latinoamericanos, lleva ahora mucho más allá su sentido de la experimentación definido con líneas maestras en su primer álbum Catapultando. Desde los inicios la experimentación en este grupo no fue un mero juego rítmico o una fusión entre estilos sin un rumbo a la vista. Fue, en todo caso, un aprendizaje laborioso para traer a bordo las sustancias sonoras que les permitieran po­ner en pie una obra que tuviera los pies en Cuba pero la mirada en el universo.

Terras es un disco que recorre diversas atmósferas y amplía los antecedentes rítmicos de la alineación al incorporar ki­som­ba, danzón, boleros y tránsitos por el jazz que tributan notablemente al lenguaje de la formación. El álbum, como se dijo, recorre varios ambientes y estilos pero lo más importante es que nació con ese misterio, re­servado para fonogramas de relevancia, que provoca que tras una primera oída volvamos sobre el disco hasta calmar la sed de escuchar estas diez canciones ataviadas con los signos más evidentes de la libertad artística.

Las canciones de Terras (Tierra en español) —entre las que destaca una versión de "Bei­jo Robado", popularizado por Cesaria Evo­­ra— podemos utilizarlas como banda so­­nora de los amaneceres o también podemos aguardar a que llegue el frío, la lluvia o la caída de la tarde para escucharlas en una habitación en completa soledad. De lo antes dicho son ejemplos temas como "Olas", "Falso amor", "Acontece" o "Eu preciso falar como voce", cuatro títulos que irradian una sugerente nostalgia y evidencian las facultades expresivas de una cantante como Lindiana, quien en este álbum pasa sin dificultad por numerosos registros y se crece a plenitud a medida que van avanzando los diez tracks del fonograma. Dicho por lo claro: Lindiana se alza como una cantante con atendibles potencialidades vocales, capaz de entregar sugerentes paisajes sonoros sin fisuras en la interpretación, al tiempo que defiende con precisión los temas en portugués.

Aparte de las canciones más reposadas del álbum, Lindiana y Man­tra muestran su costado más bailable con temas que podrían convertirse en éxitos en las ondas radiales, aunque, hasta el oyente menos avezado puede percibir que, sin renunciar a instalarse en los circuitos más establecidos, este disco es un material que surge con una fina elaboración, alejándose de cualquier mirada co­mercial que sacrifique la calidad para ubicarse en los primeros lugares de las listas.

Melodías hermosas y textos bien elaborados definen también este álbum, un rasgo que, por otro lado, ha marcado el trabajo de la agrupación desde Catapultando. Hay un puñado de temas que pueden contagiarnos de energía y alegrarnos el día aunque, hay que decirlo, las atmósferas más íntimas y sosegadas de Terras sobresalen especialmente du­rante todo el álbum.

Entre ellos hay que mencionar títulos como "María quiere danzar" —cuyas in­tenciones obviamente hablan desde el nombre—, "Beijo Robado", "Hoje", y "Brindo por la vida", una especie de declaración de principios del ensemble. Los temas mencionados abren un universo rítmico que va desde la ki­zomba, la samba hasta el danzón, una mi­x­tura que también grita al mun­do que este grupo quiere alejarse a toda costa de los caminos trillados y establecer, con una mirada muy propia, un discurso que continúa ex­pandiendo el alcance de la música cubana contemporánea y la pone a dialogar estrechamente con el universo so­noro del mundo.

Ahora solo basta que los medios de difusión descubran Terras para que sus canciones, como muchas veces ocurre entre noso­tros con las obras de calidad y con un sonido más experimental y arriesgado, no pasen sin penas ni glorias en el circuito local.

Tomado de Granma