foto: Nuria Faz

Milanés no se deja ganar por la nostalgia

REGINA SOTORRÍO | 29/JUL/2015

El trovador cubano demuestra que le quedan cosas por contar y cantar presentando nuevo repertorio

Siendo él hubiera sido muy sencillo hacer hora y media de concierto tirando de repertorio clásico. De esas canciones que el público responde con ‘bravos’ desde el primer acorde, de esas que se interrumpen una y otra vez con aplausos, de las que ponen al teatro en pie desde el minuto uno. Pero siendo Pablo Milanés, no lo hizo. El trovador cubano dio al Cervantes lo que quería oír –como ese «Eternamente Yolanda» que entonó todo el auditorio–, pero no se limitó a eso. No quiere ni tiene que vivir de las rentas.

Milanés demostró que le quedan cosas por decir presentando temas de su nuevo disco ‘Renacimiento’, otros prácticamente inéditos compuestos junto a su pianista de referencia Miguel Núñez –ayer sentado a su derecha– y algunos de otros tiempos pero «desconocidos» por estas tierras. Y eso que al empezar anunció que avanzaría un poco de lo actual –«Poco, lo prometo», remarcó– y algo de lo antiguo, con «la nostalgia de esas canciones pasadas». Pero la nostalgia no ganó la mano –al menos no toda– por más que el público la reclamara una y otra vez.

Frente a un Teatro Cervantes al completo y tras una introducción de los seis músicos que le arropaban, el «grande» –como le gritaban desde el patio de butacas– comenzó con una declaración de intenciones: «Propongo disfrutar esta jornada inquietando tu gusto en dos sentidos, una palma que bata tus oídos, un cocodrilo verde en tu mirada» (‘Proposiciones’). Después le seguiría el repaso por los temas de ‘Renacimiento’, un álbum en el que vuelca su revivir personal –tras un trasplante de riñón y una larga temporada sin componer– y también musical, volviendo a los sonidos clásicos (los cubanos y los de siempre). Aquí la música antigua y la barroca conviven con el changüí, el guaguancó, el son, el danzón, la conga y el jazz.

‘Dulces recuerdos’ abrió el catálogo de su ‘renacimiento’, un tema que habla de una «realidad que tiene que ver mucho con España»: el día de la legalización del Partido Comunista en España en 1977 y su decepción posterior por lo que pudo ser y no fue. Mostró así su faceta más reivindicativa, seña de identidad de uno de los principales representantes de la Nueva Trova Cubana, para después dejar paso a su lado más romántico. ‘Cual si fuera a morir esta mañana’ le siguió, una balada de las nuevas pero con el regusto de antaño, un tema que nace al piano y al violín para después crecer con toda la banda al compás. Magistral la transición que une dos canciones «una de amor y otra de desamor», ‘Amor de otoño’ y ‘El otoño del amor’ –sus títulos lo dejan claro– con armonías de música antigua fusionadas con ritmos cubanos.

Pablo Milanés no quería dejar pasar la oportunidad de avanzar material de un disco que ha grabado junto al pianista Miguel Núñez. «Quería que escucharan algunas». ‘Flores del futuro’ –«Que ojalá sea de aliento para todos», señaló– y ‘Ruinas del tiempo’ fueron las elegidas. Y aunque formara parte de «un disco casi desconocido», interpretó ‘Plegarias’, con unos sonoros redobles de tambor. Porque aunque su voz era la protagonista indiscutible de la noche, la engrandecía la profesionalidad de la banda que le acompañaba: pianos, teclados, batería, percusión cubana, saxo y bajo. En varias ocasiones presentó a sus músicos, a los que dejó lucirse en solos y partes instrumentales alargadas.

Pero lo que el público –o una buena parte de él– quería escuchar eran aquellos temas que forman ya parte de la memoria colectiva, la banda sonora de varias generaciones. Y los hubo, pero los reservó para el final, para despedir el concierto en alto, con buenas sensaciones. El teatro lo agradecía con efusividad, aplaudiendo en cada pausa de las canciones. ‘De qué callada manera’, ‘Si ella me faltara alguna vez’, ‘El tiempo, el implacable, el que pasó’ (en su «versión original», matizó)... Acostumbraba a introducir los temas, pero en algunos casos eso no era necesario: con ‘Yolanda’ –que pedían desde el teatro casi desde el inicio del recital– el auditorio entró de lleno en ese viaje al pasado, acompañándole en las letras. Con ‘La prefiero compartida’ se despidió de Málaga, pero no le iban a dejar irse tan fácilmente. Entre fuertes aplausos y vítores, regresó con otros dos pesos pesados de su repertorio: ‘Para vivir’ y ‘Amo esta isla’.

Son 72 años y más de 50 sobre los escenarios y en la carretera. Puede que se noten en su cuerpo –sentado en todo momento, recibiendo las ovaciones con los brazos abiertos–, pero el tiempo no ha pasado por su voz. El mismo timbre, la misma sensibilidad y la misma elegancia que le han convertido en un trovador eterno.

Tomado de Diario Sur