foto: Tomada de su Facebook Oficial

Lynn Milanés: defiende su identidad como músico

Pedro Quiroga Jiménez | 18/JUL/2013

La revista Cuba Contemporánea nos acerca a la vida y obra de esta joven intérprete cubana que pone en alto su herencia musical.

Es la mayor de tres hermanas dedicadas a la música. Fue su padre, Pablo Milanés, quien la animó a estudiar la flauta aunque, convencido de que aquel no sería el camino, aprobó su decisión de continuar en el canto.

Lynn Milanés declaró hace algún tiempo que ambos son casi idénticos, física y espiritualmente. Por esa misma razón, acudió a la religión yoruba y fue capaz de hacerse santo (este último, ritual determinante) para salvar a su progenitor de una posible muerte.

Con semejante apellido, el fantasma de la fama la persigue siempre.

¿Cómo influye ese detalle en tu carrera?

Es un arma de doble filo. Si me lo hubieran preguntado hace cinco años hubiera estado brava, bravísima, porque el apellido sobresale y quiero sentirme yo misma. Al principio me perseguían, me buscaban, tal vez para descubrir qué tal era –y esas cosas duelen-, pero cuando te vas abriendo tu propio camino, o quedas mal para toda la vida o logras ser tú misma. Es lo que he tratado de hacer.

Para mí es un orgullo decir que soy hija de mi padre… y de mi madre, Yolanda Benet, que me influyó también muchísimo porque es una mujer de la cultura; fue script y asistente de dirección en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, tiene un aval de películas porque trabajó con los directores más grandes que ha dado Cuba.

En lo que respecta al apellido de mi padre, no me pesa para nada. Afortunadamente, hoy puedo decir que he podido cantar gracias a él, que me abrió camino en la música y me ha ayudado siempre con mis discos y mis repertorios, se mueve alrededor mío constantemente, es un eje que está ahí.

Hablando de padres, eres fruto de un amor apasionado que dio origen a una hermosa canción: Yolanda. Imagino que habrás tenido muchas satisfacciones, pero también algunas contradicciones.

Es muy difícil responder esa pregunta. El amor de mis padres lo conozco por lo que me han contado ellos mismos. Después de mi adolescencia supe de muchas otras cosas. No creo tanto en las contradicciones porque ese tema no ha sido muy analizado en mi vida, no pienso en ello.

Yo sé que fui fruto de ese amor. Nací en 1970, justamente acababa de venir al mundo cuando se escribió "Yolanda". Debo haber visto cosas muy lindas pero no recuerdo nada de mis padres juntos, a pesar de haber sido la primera de sus hijas y de estar allí cuando sucedieron los hechos, los buenos y los malos. Sé que durante años, tras el divorcio, han mantenido una relación bonita; mi madre siempre supo hablarme bien de mi papá –a pesar de todos los problemas que vivieron-, eso nos ayudó cuando éramos niñas.

Qué lindo, que no existan rencores…

No, rencores no hay ninguno. Ellos son dos personas que se respetan por eso, por el amor que vivieron juntos, por las cosas que pasaron juntos, y porque se quisieron… y todavía se quieren.

Vamos a los orígenes. Lynn flautista y de repente, cantante. ¿Qué pasó?

Huy, ¡madre santísima! No quise ser flautista. Faltaba un mes para mi graduación y colgué los guantes. Tuve un profesor que se esmeró conmigo y aseguró que yo sería una gran instrumentista. De hecho, nunca me arrepiento de haber estudiado la flauta porque estuve en escuelas de prestigio, pero casi a punto de graduarme solté el bombazo. Casi siempre he sido así, de bombazos.

¿Qué dijo tu padre?

Con toda la calma del mundo me dijo que si yo no quería, no pasaba nada. Mi padre siempre me ha apoyado en mis decisiones. Afirmó: “Lynn, si vas a ser otra cosa en la vida, sé otra cosa”. Él fue quien me animó a que estudiara la flauta cuando tenía 10 años; yo estaba becada y empecé a ir una vez por semana a la escuela de música. No se me olvida aquella etapa en la que a veces se me quedaba el instrumento en el ómnibus escolar, en los muros de la escuela, debajo del pupitre… ¡era un desastre!

Evidentemente, tú no ibas a ser flautista. ¿Nunca más has tocado la flauta?

Sí, de vez en cuando le quito el polvo, ¡eh!… Hace poco me trajeron el piano que le había prestado a mi papá, me vino cierta inspiración y tomé la flauta y la partitura de una sonata de Händel con la que me gradué en nivel elemental. La toqué de arriba abajo con Peruchín Jr., que es ahora mi pianista y… lo que bien se aprende, nunca se olvida. Yo creo que sí, que hubiera sido flautista de música clásica porque la música popular no me gusta tocarla, ni siquiera escucharla. Y nada, eso de cantar vino por mi padre también.

No se me olvida que fue de corre-corre, como siempre, hablando con él mientras caminaba, subiendo las escaleras de su casa. Le pregunté: ¿qué voy a hacer, dime, qué hago? Y me respondió: “Lynn, por favor, quien es músico será músico cuando le dé la gana. Si tú te propones ser cantante, serás cantante”.

Y yo seguía, ¿pero cómo voy a ser cantante, con esta voz que tengo? A lo que replicó: “Vas a ser cantante porque la voz no importa, lo que importa es el corazón cuando vas a cantar, el carisma que tengas cuando vas a cantar, lo que trates de sacarle al público, lo que le ofrezcas y lo que le pongas. Puedo mencionarte a tres mil cantantes que no tienen voz, y no les hace falta”.

Comencé con la misma ronquera con que te estoy hablando ahora, a cantar en el grupo Aries, porque no quería ser solista. Reuní a mis hermanas -somos Aries las tres, por cierto- y nos pusimos a buscar temas y a montarlos. Los primeros meses no funcionaron bien, busqué otra cantante que empastara hasta que logramos ser tres muchachas que empezábamos en el canto. Me estaba encontrando a mí misma, hicimos un disco que produjo mi padre, lo mezcló, fue él quien hizo el trabajo completo, y luego el grupo se desintegró.

Luego de eso vino otro disco: Ama.

Lo hice sólo a guitarra, con Ahmed Medina, que produjo todos los temas. Yo sola hice el repertorio de un disco que nunca salió al mercado; lo tengo como demo, poniéndose en la radio. Me sirvió para tomar experiencia como cantante solista y a partir de ahí me fui al Club Imágenes con un guitarrista, a tomarme las cosas en serio… ¡aunque todavía no las tomo mucho!

Básicamente, tu repertorio tiene muy poco de Pablo y mucho de Lynn. En un reciente concierto decías que te resultaba difícil cantar a tu padre.

Difícil en dos sentidos. Me imagino que a cualquier cantante que le guste Pablo, le haga ilusión una de sus canciones bien cantadas, desde su estilo. Sin embargo, a mí, como hija suya y como cantante, me resulta doblemente difícil porque siempre surgen las preguntas, las comparaciones y las opiniones. Hasta ahora he tratado de lograr mi propia identidad como músico, como intérprete, pero como no soy compositora se me hace difícil a la hora de interpretar sus temas, de hacerlos míos.

Haber crecido con mi padre al lado, tener toda su influencia, absolutamente toda, desprenderme de su legado y de su forma interpretativa, ha sido un reto. Hace poco, cuando monté "Para vivi"r, y luego otro tema, y otro, hasta completar 18, decidí que ya podía cantar a mi padre. A medida que fui montando el repertorio, lo escuchaba y pensaba: sí, soy yo la que está cantando, no es Pablo.

¿Qué es lo que prefieres cantar?

No tengo preferencias. Todo mi repertorio lo disfruto de principio a fin; incluso, a pesar de que canto varias veces en la semana, me resulta embarazoso hacer un repertorio igual que el anterior. Ando con cientos de papeles porque nunca repito lo mismo, sería caer en la rutina. Ahora, si hablamos de preferencias, me gusta cantar boleros y me encanta cantar la música brasilera. La beta del filin me sale porque lo conozco.

Ya en el plano más personal, ¿cómo es Lynn en su casa?

Soy muy dedicada a mis hijos y a mi esposo, con el que llevo 12 años de matrimonio. Duermo muy poco, es una herencia familiar tal vez, de madre y de padre. Yo sirvo para la madrugada; ah, además, cocino muy bien, me encanta.

Al margen de la música, ¿qué otra manifestación artística te cautiva?

La danza, tengo esa frustración. Me hubiera gustado ser bailarina, no de ballet sino de danza contemporánea, de baile español, específicamente de flamenco. Estoy tratando de buscar un tema para cantar el flamenco con la onda moderna, como lo hacen Rosario Flores y Alejandro Sáenz.

¿Nunca ha bajado la musa de la composición?

No, no sé cuándo bajará, a lo mejor algún día pero creo que no me hace falta. Bueno, una vez comencé a escribir una guarachita pero la dejé por ahí, no le hice caso; habla del trabajo que cuesta lograr algo en la vida.

Mucha gente puede pensar que por ser la hija de Pablo Milanés tienes todas las puertas abiertas y todo se te resuelve al instante.

No es así, para nada. Nosotros tenemos que mover cielo, mar y tierra para poder hacer cualquier cosa. Te pongo el ejemplo de un video clip. En cualquier casa discográfica, cuando haces un disco también haces uno o dos clips, pero como yo no pertenezco a ninguna empresa artística, no tengo nada. Yo pertenezco a PM Records, que es el sello disquero de Pablo Milanés, y todo sale de su bolsillo, es decir, todo es auto financiado. Todos mis discos han salido por PM Records, estoy tratando de independizarme ahora para poder tener el movimiento que debe tener cualquier artista. En el futuro cercano, quiero dedicarme más a la parte discográfica y cantar menos en vivo.

Todo artista tiene una filosofía de vida y de trabajo. ¿Cuál es la tuya?

No es la que estoy llevando ahora. Pienso que todo artista debe seguir sus propios pasos y, en mi caso, nacida en la cuna de un músico, tras haberme debatido entre la flauta y el canto, debo guiarme o dejarme llevar por el corazón, soy muy sentimental. Mi filosofía es puro corazón, ¡yo canto por amor al arte!

 

Tomado de la Revista Cuba Contemporánea