Pancho Amat: Soneando la trova y trovando el son

Marino Luzardo | 9/JUN/2014

En busca de materializar sus sueños, el estelar músico cubano trabaja en múltiples proyectos…

Hace mucho tiempo que quería entrevistar de forma pausada y fuera de la televisión a un artista cuya versatilidad y entrega han despertado siempre mi más sincera admiración y el más profundo respeto. Es un hombre incansable que no sé de dónde saca el tiempo para dividirse en tantos proyectos y para que estos alcancen la relevancia que siempre acompaña cada iniciativa que cuente con su presencia. Aunque le dicen El Rápido de Güira de Melena confieso que me hizo esperar un poco por sus respuestas, pero valió la pena. Cada palabra suya tiene el peso necesario en este diálogo para continuar convenciéndonos de que su grandeza no radica solo en su condición de artista. Su manera de ver la vida y afrontarla da fe de que también es un ser humano de talla extra. Los dejamos en compañía de Pancho Amat, Premio Nacional de Música.

¿De qué forma definirías tu paso por agrupaciones como Manguaré y Adalberto Álvarez y su Son?

El grupo Manguaré fue para mí la gran oportunidad de materializar el sueño de ser músico. Por varias razones, yo no pude ingresar al sistema de enseñanza artística. En el momento en que se estaba concibiendo dicho proyecto me estaba graduando de profesor de Física y Química en el Instituto Pedagógico “Enrique José Varona” de la Universidad de La Habana. Sin pensarlo dos veces, me presenté a las pruebas de captación que se estaban haciendo y los conocimientos prácticos que tenía determinaron para que me aceptaran desde un inicio, por lo tanto, soy del equipo de fundadores del grupo. Mi permanencia en el colectivo por diecisiete años fue sumamente provechosa, pues me permitió estudiar de lleno la técnica musical, darme a conocer como artista y relacionarme con muchos de los grandes de diferentes géneros, lo que aportó mucho a mi formación. Desde los inicios de Manguaré fui su director, aunque en los primeros momentos mi labor era prácticamente la de un coordinador del trabajo, pues todos mis compañeros tenían más formación musical que yo, situación que había cambiado totalmente a mi salida del grupo, ya que para ese entonces sobre mis hombros recaía la mayor parte del trabajo musical. Mi estancia en la banda de Adalberto fue sobre todo un período de tránsito, un momento de reflexión para enrumbar mis pasos posteriores y la oportunidad de adentrarme en el mundo de la música bailable, asignatura que tenía pendiente hasta entonces. Además, por tener más tiempo libre pude dedicarme también a hacer alguna música para cine con el tres y el laúd como protagonistas, cosa que siempre me había interesado

¿Qué condiciones propician el surgimiento de El Cabildo del Son?

Entre 1995 y 1998 yo colaboro en España con el músico aragonés Santiago Auserón (Juan Perro). Este me invitó a formar parte de su proyecto “Juan Perro”, que consistía en una mezcla de música cubana con los ritmos más genuinos surgidos en las márgenes del Mississippi. La música que hacíamos él la denominaba rock montuno y la banda la integraban intérpretes muy destacados en sus respectivos instrumentos. Yo había hecho a mi salida de la orquesta de Adalberto un primer disco en solitario que titulé Son por tres en el que prevalecían las sonoridades de la orquesta que habitualmente se emplea en la música bailable, o sea, que tenía un formato grande, pero en la medida que fui viendo como el tres alcanzaba un carácter protagónico en la pequeña banda de Juan Perro, donde éramos solo cinco músicos, llegué a la conclusión de que mi próximo paso en solitario debía ser con una agrupación de pequeño formato que permitiera transparentar claramente la sonoridad de mi instrumento, y más en mi caso, que ya había adquirido cierta relevancia como intérprete.

¿Consideras que es una agrupación eminentemente sonera?

Los géneros de la música cubana guardan relación entre sí, algunos de una forma más estrecha que otros, pero el hecho de que en sus orígenes estén presentes ingredientes comunes trae consigo después esos “préstamos” que entre uno y otro se hacen. Esa es una de las razones por las que aunque yo toco un instrumento eminentemente sonero, mi música abarca mucho más allá de las fronteras de este género y, por otra parte, está el hecho de que me gusta montar en una máquina del tiempo la sonoridad que concibo, y para ello acudo a mezclar ingredientes de diferentes épocas en una misma canción.

Aunque mi trabajo con El Cabildo del Son parte de un formato de corte tradicional y nutro mucho el repertorio de temas propios de este contexto, intento proyectar un sonido más contemporáneo. Para resumir en pocas palabras este concepto, en ocasiones digo que con El Cabildo yo voy soneando la trova y trovando el son.

De un tiempo a esta parte se te ha visto unido a relevantes figuras de la canción cubana en proyectos realmente interesantes como Cantar la Trova, junto a Miriam Ramos; Mis Raíces, con María Victoria Rodríguez e Inesperadamente, con Argelia Fragoso. ¿Qué experiencias has vivido con cada una de estas producciones y háblanos de la relación con cada una de estas intérpretes?

Con Miriam y con Argelia tengo una vieja amistad que se remonta a la época de los orígenes de Manguaré, y con María Victoria me une el mismo cariño aunque la relación es más reciente. Ahora, por la tres tengo la misma admiración y respeto artístico. En todas partes del mundo las colaboraciones entre músicos y cantantes es muy frecuente, aunque en contadas ocasiones estos hacen alusión después de terminado el trabajo a lo que ha significado como aprendizaje para ellos. Para poder ponerme en contacto con el universo musical de cada una de estas intérpretes he tenido que investigar, refrescar conocimientos, proponerme sonoridades nuevas y, sobre todo, con mucha ilusión, echar a volar la imaginación para encontrar el punto medio en que nos encontremos sin que cada cual deje de ser como es. El trabajo con Miriam fue el que me resultó más cercano, pues se trataba de hacer la trova tradicional, espacio donde me muevo con relativa soltura. Ya con María Victoria tuve que prepararme más pues se trataba de adentrarme en el mundo de la música campesina, que aunque lo conozco, no puedo decir que sea un especialista y, además, mi propuesta era realizar un fonograma donde estuvieran presentes las sonoridades clásicas del estilo, así como otras más contemporáneas continuadoras de aquellas. Como todas debían contar con una envoltura sonora cercana a nuestros días, la empresa resulto de cuidado y tuve que trabajar con la meticulosidad de un orfebre. La colaboración más reciente que es la que hice con Argelia, y transita eminentemente por el mundo de la canción. La mayoría de las instrumentaciones de los temas son de su autoría y concibió el tres haciendo algunas funciones poco habituales para él, lo que me hizo ver nuevas posibilidades del instrumento desde el punto de vista orquestal, que desde entonces he venido ampliando y usando con frecuencia en trabajos posteriores. Otra colaboración muy importante para mí ha sido la que mantengo con mi hijo Daniel, que es pianista. Él tiene un mundo armónico muy amplio y, aunque se mueve fundamentalmente por espacios de la música popular cubana, está muy cerca de las sonoridades de la música llamada clásica y el jazz, lo que me obliga a usar caminos interpretativos poco transitados por mí, para poder interactuar con él. En resumen, creo que siempre seguiré dándole mucha importancia a las colaboraciones con otros artistas, por el aprendizaje que de ellas emana y por el hecho de salir de la rutina diaria que enmohece tu capacidad creativa.

¿Cómo lograr que el tres no sea en ellos un instrumento que acompaña sino también un protagonista?

Para que el tres tenga un carácter protagónico dentro de cualquier contexto musical, lo primero es asumir esto como un fin, o sea, plantearse que todo lo que se haga esté en función de que el instrumento brille. Para ello hay que escoger bien los temas a interpretar, la forma en que se hará la instrumentación o arreglos, dejándole espacios donde destacarse y, por supuesto, la preparación previa del ejecutante para que pueda asumir en calidad de virtuoso el rol que se está proponiendo. Que nadie vaya a interpretar con esto que he dicho, que se trata de tocar rápido. Virtuoso es para mí el que tiene un sonido hermoso, domina los diferentes estilos que se propone hacer, toca con pulcritud, tiene buen gusto interpretativo… ¡ah!, y si puede tocar con destreza donde hace falta, pues mucho mejor.

¿Cómo defines la relación entre el tres y la trova?

A este punto me acerqué en una de tus preguntas anteriores. Ahondando más en el tema te diría que muchos trovadores se desempeñaron en conjuntos de son como guitarristas y, a su vez, muchos treseros formaron parte de las nóminas de pequeños colectivos que acompañaban a trovadores. El propio Ignacio Piñeiro, rumbero y sonero por excelencia, concibió su obra interpretada prácticamente siempre a dos voces, al estilo de la trova y puesta en práctica por su Septeto Nacional, portador de un emblemático sello sonero. Por la cercanía en lo humano entre soneros y trovadores, y por los lazos en común entre ambos géneros, se puede decir que el tres, aunque es un instrumento fundamentalmente del son, tiene también espacios dentro de la trova. Lo otro es que el intérprete sepa moverse dentro de las particularidades de los dos estilos.

Ahora, junto a Adonis Puentes, se está gestando un homenaje a María Teresa Vera. ¿Cómo se conocen y surge la idea de este disco?

Fue Adonis quien le expuso a Marta Bonet, directora del sello discográfico Colibrí, su intención de hacer un disco en homenaje a María Teresa Vera, y ella a su vez le propuso a él que yo hiciera la producción. Él estuvo de acuerdo, al igual que yo cuando me lo comunicaron. De entrada, la idea de trabajar música en torno a la figura de María Teresa siempre había sido para mí algo que se me había quedado en el tintero, y en esta oportunidad llevarla a la práctica me resultaba doblemente atractivo, primero por la obra en sí, y segundo porque concebí la sonoridad del disco con un equilibrio entre el concepto tradicional en que se expresaba la autora y el mundo sonoro más actual acorde con la juventud de Adonis. En resumen, el objetivo era mantener claras las esencias del sonido María Teresa pero traídas al presente, sin desvirtuarlas y demostrando que su legado es perdurable en el tiempo.

Un elemento importante en este trabajo fue el lazo afectivo que me une con Valentín, el padre de Adonis, desde los primeros tiempos del Manguaré, así que volver a encontrarnos de nuevo fue para mí muy gratificante y arropó de cariño toda la producción. Para más, mi hijo Daniel hizo varias de las orquestaciones y estuvo presente durante toda la grabación, tocando el piano, así como mi otro hijo José en el bajo. Veinte años, que es como titulamos al álbum, fue un disco hecho desde todos los puntos de vista, con un gran derroche de amor.

¿Cuáles han sido las bases para elegir el repertorio?

El repertorio lo seleccionamos a partir de la premisa de que María Teresa fue una gran intérprete, además de autora de algunas de sus canciones y coautora de otras. Por esta razón aparecen en el disco temas de Graciano Gómez, Manuel Corona e Ignacio Piñeiro; prestigiosos compositores que además fueron grandes amigos de María Teresa. Ella, en su voz, popularizó algunos de los temas más famosos de estos autores y por eso decidimos incluirlos en el álbum.

¿Cuándo estará listo este material?

El disco ya está totalmente terminado, falta nada más su impresión y queremos hacer más adelante un concierto para su presentación.

En relación con el Cabildo ¿qué proyectos desarrollará en lo que queda de año?

Tengo varios planes de giras con el Cabildo para lo que resta del 2014, tanto dentro como fuera de Cuba, así como varios nuevos proyectos discográficos. Todo esto a merced de los avatares de la economía, que en estos momentos tiene la última palabra. Espero que la suerte me acompañe y logre materializar aunque sea algunos, ya con eso sería feliz.

Mientras leo sus respuestas creo tener de fondo su tres como banda sonora. Tal vez a usted le pase lo mismo. Es imposible imaginarlos separados. Decir Pancho es decir tres y viceversa. No se sabe quién domina a quién, se pierden las fronteras. El instrumento halla en el hombre el complemento necesario para brillar en sus manos, esas que al tocarlo con pasión, hacen que suene cubano.

 

Disponible en iTunes el CD Llegó el Tresero, joya del son cubano