foto: Tomada de Juventud Rebelde

Gerardo Alfonso: “La Habana es un símbolo”

26/JUL/2013

Gerardo Alfonso, nos cuenta sobre sus orígenes, creación artística e incursiones en el cine. Oportunidad única para acercarnos a este grande de la música cubana.

Cuba y La Habana se han hecho eternas en la poesía urbana y musical de Gerardo Alfonso. En sus versos desaparecen las etnias y nos convertimos en la raza de los soñadores. Cuando nació en la tarde otoñal del primero de noviembre de 1958, sus padres no imaginaban que este sería uno de los mejores cantores de la ciudad que en ese instante lo recibía. Desde entonces ha crecido hacia arriba y hacia adentro, como los elegidos.

“Fui un niño intranquilo, tenía muchas inquietudes físicas e intelectuales. Me trepaba en un árbol, tiraba piedras pero siempre fui ávido de aprender, leer, dibujar. Me gustaba coleccionar sellos, cactus, monedas. Jugaba al pon, las cuatro esquinas, las distracciones de los niños en aquel entonces”, aseguró recientemente el cantautor al programa Perfiles.

“Mi madre es médico y aprendió guitarra durante seis meses. Recuerdo que me sentaba a mirarla hasta quedarme dormido. Mi hermana mayor estudió piano. Vivíamos en Reparto Eléctrico y ella daba clases en el Calvario, era obligatorio que me llevara”.

“En el barrio tuve la influencia directa de la música popular, folclórica. En muchas comunidades de San Miguel del Padrón se tienen creencias africanas, yorubas, santeras, abacuas; y constantemente se hacían ceremonias de ese tipo. Los niños asistíamos como parte de la familia y fui asimilando de una forma orgánica y natural la clave cubana, el guaguancó, la rumba, esas expresiones intrínsecas en mí”, continuó.

“Gracias a mi hermana, tuve el privilegio de presenciar eventos que no me correspondían por la edad como las fiestas de Quince Años, con la música de Paul Anka, Los Beatles. Para mí toda la música es buena, me gustaba Aurelio Reynoso, Meme Solís, Los Bucaneros, Los Zafiros, y también la música anglosajona. Esa influencia iba paralela con mi actividad infantil y se fue alojando esa inquietud fundamental de ser cantante”, aseguró Gerardo.

“Mi padre era ingeniero y mi madre pediatra. Decidimos que yo debía estudiar una carrera técnica para tener independencia. Me gusta mucho la física y me pareció que la electroenergética era una fase dentro de ese gusto que podía desarrollar. Comencé a estudiarla y me gradué en 1978. Seré un artista o un mendigo, ese fue el planteamiento que me hice al escoger el camino de la música”.

Realizó estudios de electroenergética, sin embargo, la guitarra lo iba atrapando irremediablemente, así el rock y la trova se convirtieron en pasión. En 1980 integra el movimiento de la Nueva trova cubana que lo unió a prestigiosos cantautores interesados en la canción comprometida con la sociedad y su tiempo.

“Las primeras canciones que escribí estaban ligadas al amor. Pero La Habana no solo era el escenario donde cantaba, sino un símbolo, un referente, un signo urbano, aunque con metáforas e imágenes estábamos tocando la realidad telúrica, que comenzaba a moverse. Reflejar eso tenía un impacto y nos fuimos comprometiendo más con un discurso social enmarcado en la ciudad”.

En 1984 Gerardo escribió “Aquí cualquiera tiene”, su primera canción a La Habana. “Teniendo como referencia el solar donde vivía, el Hormiguero del Vedado, hice una serie de analogías y homenajes a una ciudad tan asombrosa como esta. Pienso en ella como una entidad arquitectónica, civil, urbana y humana que no puede ser abandonada. Hay que luchar por defenderla. Aplaudo mil veces la labor de Eusebio Leal”.

De su inspiración, espontaneidad e inquietud artística nacieron el ochanga y el guayasón. “Recuerdo que tenía una contrariedad antes de su creación en 1983. Por una parte, la música anglosajona con la cual me identifico desde niño y, por otra, nuestras raíces, la influencia afrocubana, popular, tradicional. Entonces, surgen estos dos géneros para tratar de resolver el problema”.

Sobre las circunstancias de cómo surgieron cuenta Gerardo. “Un día tocaba la guitarra de una forma rara y apareció una cadencia a la cual denominé guayasón, que tiene un poco de música campesina, palo afrocubano, joroco venezolano. Luego me desperté una madrugada, cogí el instrumento y empecé a tocar una música más audaz, rítmicamente asimétrica y le puse ochanga, palabra que me salió mientras soñaba”.

Intenté introducirlos en la canción de la trova. El guayasón tuvo éxito como soporte de canciones como “Aquí cualquiera tiene”, “La Ilusión” y “Son los sueños todavía”. Mas, no hubo una entidad que los normalizara como géneros. Cuando saqué el ochanga, asimétrico con compases irregulares, era casi insoportable. El estado de opinión no asimilaba el nuevo ritmo porque la canción de autor tiene otro propósito, que no es el de ser bailado. Reprimí ambos géneros durante mucho tiempo hasta que maduré el concepto rítmico y la función social de la canción. Aún estoy en ese proceso”, confesó.

En 1989 realiza su primer videoclip con la televisión de Dinamarca. Luego participa en el filme cubano-mexicano Hoy como ayer, donde actúa y canta. Estas experiencias se repiten una y otra vez. Paradójicamente, no logra editar su música en Cuba hasta 1993 con el disco Los lobos se reúnen, sin embargo, sus canciones forman parte de la banda sonora de La Habana y el país, incluidas en repertorios nacionales y foráneos.

“No tengo la técnica ni el estudio pero he trabajado en tres películas: Hoy como ayer, donde interpreté un papel secundario; Calor, filme cubano-vasco de Luis Alberto García, y La risa de Ochún, cuya banda sonora es mía. Ahora trabajo en la producción musical de Rolando Almirante, se llama La Saga de Daniel”.

El camino de la literatura es una opción siempre presente. “Empecé a escribir poesía tarde, un día llegué de la calle, me senté en la computadora y empecé a escribir”.

Hay canciones que lo marcan. “No sé por qué tengo tanta aprehensión a un tema que escribí en 1982. Nunca ha sido un hit ni se ha cantado masivamente. Cuando la interpreto no escucho a nadie acompañándome, todos hacen un silencio total y después aplauden. Pero percibo que no pasa de moda, trascurre por todos los períodos, es como un ente medio de los grandes sucesos y fracasos. Ella va atravesando los años y no sé por qué me gustará llevármela para alguna parte. Se llama “Eres nada”.

Gerardo no puede renunciar a lo más importante de su vida: la familia y el trabajo. “Cuando era más joven era un callejero, ahora soy más casero. La mayoría del tiempo estoy en casa compartiendo con los niños pero siempre tengo una actividad profesional que hacer. En la medida que descubres nuevos conocimientos te percatas de que no sabes nada y hay que aprender muchísimo, eso me roba mucho tiempo. Tener un hogar feliz es importante, de ahí parto a hacer la Patria”.

Los versos de Gerardo Alfonso habitan en los balcones de la ciudad, en los barrios humildes, en el obrero y el intelectual. Bienvenido es siempre su canto plural, mestizo y profundamente cubano.