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¿Conoce usted la verdadera historia del Caballero de París?

Daylina Morales Escobar | 16/ENE/2013

Apuntes sobre José María López Lledín, el trotamundos más famoso de La Habana

Es cierto que muchos no lo conocieron, pero, indudablemente, las leyendas urbanas, esas que parten de hechos reales distorsionados y con datos ficticios, ubican a La Habana como fuente de abasto de historias míticas que guardan poderosos secretos. Así ocurre con el testimonio de la vida del Caballero de París.

Este personaje encarna uno de los peldaños más altos de esas leyendas de figuras callejeras, rodeado del folclore que forma parte de la historia capitalina.

Su verdadero nombre fue José María López Lledín, y nació en la provincia de Lugo, España, en diciembre de 1899. Llegó a Cuba sin haber cumplido los quince años de edad y trabajó en diferentes actividades, como suelen hacer los emigrados.

Se cuenta que perdió el equilibrio mental después de haber estado en prisión, según varias versiones, por ser acusado de manera injusta. A partir de las primeras décadas del siglo XX, a su salida de la cárcel, comenzó a deambular por las calles.

Pasó a la historia por su comportamiento pintoresco, su educación, su cultura y la magia de su comunicación, que le ganó el afecto de varias generaciones de capitalinos.

Sus lugares escogidos para callejear eran el Paseo del Prado, la Avenida del Puerto, la Plaza de Armas; cerca de la Iglesia de Paula; y el Parque Central, donde algunas veces dormía en uno de los bancos; además solía caminar por la calle Muralla, Infanta y San Lázaro y por la esquina de 12 y 23, en el Vedado.

Vestía con capa negra, tenía el cabello largo y barba. Siempre cargaba con muchos papeles y una bolsa con sus pertenencias.

Su historia de vida está recogida en un libro del Dr. Luis Calzadilla, titulado Yo soy el Caballero de París.

Este doctor —el último especialista en salud mental que lo atendió en el Hospital Psiquiátrico de Mazorra—, publicó en su libro una copia fotográfica del certificado de nacimiento y la lista de entradas de pasajeros cuando él llegó a Cuba. También contiene un diagnóstico médico, así como los resultados de las pruebas de laboratorio y psiquiátricas y el reporte de su autopsia.

El Caballero confesó a Calzadilla que nunca se había casado, pero que tenía un hijo y una hija de una señora que era secretaria de una compañía azucarera. También le contó que su hijo vivía en Marianao y trabajaba en la radio, y que la madre e hija se habían ido de Cuba.

Acerca de su apodo hay muchas teorías, una de ellas relata que lo obtuvo de una novela francesa. Otra vez dijo a su biógrafo que la gente empezó a llamarlo “El Caballero” en la Acera del Louvre, del Paseo del Prado. A propósito, se dice que trabajó como sirviente de restaurante en los hoteles Inglaterra, Telégrafo, Sevilla, Manhattan, Royal Palm, Salón A y Saratoga.

Quizás, en su mente, la Acera del Louvre equivalía a París. El decía que La Habana era “…muy parisién” y que él era “mosquetero, corsario y caballero de Lagardere".

El Caballero de París falleció el 12 de julio de 1985, en Mazorra, su diagnóstico describe que padecía de parafrenia, considerado como una forma de esquizofrenia, mas no sufría alucinaciones.

Pero su desaparición física de las calles no evitó que continuaran sus andanzas, ahora en el imaginario popular, en el recuerdo y en las leyendas de esa Habana que lo eternizó en bronce y lo evoca en su día a día.