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Miriam Ramos: la canción cubana

MARINO LUZARDO | 17/MAY/2013

Hace exactamente medio siglo debutó profesionalmente una de las voces más hermosas con las que cuenta nuestro panorama musical. Su trilogía La canción cubana obtuvo el Gran Premio en este Cubadisco 2013.

Este 2013 marca un momento sumamente importante en la canción cubana. Hace exactamente medio siglo debutó profesionalmente una de las voces más hermosas con las que cuenta nuestro panorama musical. Esa voz le pertenece a una de las mujeres más exquisitas que ojos humanos han visto a la hora de elaborar su trabajo. Una gran artista en toda la extensión de la palabra, que ha sabido labrar su carrera con buen gusto y respetando siempre de manera muy especial al público que le ha sido fiel en estas cinco décadas. Su imagen impone y se acopla perfectamente a todo lo que por dentro lleva alguien que no pudo nunca esconder su alma, y que a través de las canciones que interpreta nos ha mostrado quién es. En 2007 el realizador Regino Oliver me dio la inmensa satisfacción de participar en un documental dedicado a ella. El audiovisual recreaba una entrevista radial en la cual nos revelaba su vida y su obra. Suenacubano.com homenajea a Miriam Ramos por sus cincuenta años de carrera y su Gran Premio Cubadisco 2013.

¿Cómo fue la relación música-hogar?

La música estuvo en mi casa siempre, mi madre era músico de formación, estudió piano, canto, y mi padre era un melómano sin remedio, tenía muy buen gusto para la música. La primera vez que yo escuché fragmentos de valses de Chopin se los oí tararear a mi padre. Mi abuela sintonizaba siempre CMBF, esa era la música que se escuchaba mayoritariamente en casa. Claro, también se escuchaba algo de música popular, y así conocí a Benny y a Bola. Pero hubo siempre intenciones de mis padres de formarnos a mi hermana y a mí musicalmente, se ocupaban mucho de eso. Los regalos de reyes siempre tenían que ver con la música, y así nos fueron preparando hasta que un día nos llevaron a escuchar la orquesta sinfónica. Fue una experiencia maravillosa escuchar en vivo algo que ya conocíamos, porque en el teatro por supuesto suena diferente y hay un misterio que aún no sé explicar.

¿Cómo te empezaste a vincular directamente con la música?

Estudié en el Colegio Baldor y ya cuando entré en la primaria había un coro, hice mi prueba y fui admitida. Eso conllevó a que necesitara tiempo extra para aprenderme las canciones y melodías. En esa época, con diez u once años, yo bailaba mucho, y entró en Cuba el rock and roll. A veces me disgustaba porque era mucha la fuerza de ese género y lo que yo prefería era bailar con el Benny o la Orquesta Aragón.

¿Es cierto que hacías dúos con tu hermana?

Cantábamos las cosas que oíamos y por aquel entonces estaba muy de moda el dúo chileno Sonia y Miriam, y nosotras cantábamos ese repertorio y con esas chilenas es que descubro la segunda voz. Sacaba de oído, no sé cómo, lo que hacía la orquesta y después me di cuenta de que tenía esa capacidad. Mi padre tuvo mucho que ver con eso, porque me enseñó a discernir entre voces e instrumentos.

¿Cómo inicias tu andar por la música de forma profesional?

Estando en el Instituto de La Habana me entero de la existencia del Coro Polifónico Nacional y de una convocatoria para entrar en él. Había que dominar ciertas cosas técnicas de las cuales no tenía conocimiento, pero mi memoria y mi oído me ayudaron a iniciarme como profesional en la música formando parte de este colectivo. Así me di cuenta de que la música era definitivamente mi destino.

¿Y cuándo tuvo lugar tu primer concierto?

En 1964, cuando no existía aún el ministerio de cultura, había un departamento de música popular en el Consejo Nacional de Cultura, dirigido por Odilio Urfé. Un día se me para delante y me dice: “Vamos a hacer un concierto”. Le dije que no, que eso no estaba en mis planes y que quería seguir explorando y descubriendo la música. Y entonces me dijo: “No te preocupes, te buscaré un buen acompañante”. Y resultó ser nada más y nada menos que Frank Emilio, ¡imagínate, qué honor! Y no sabes con cuánta ternura y sencillez aceptó estar conmigo en esa presentación que tuvo lugar en la Sala Teatro de Bellas Artes, en el espacio de “Los lunes de Bellas Artes”. Pero no eran espacios para principiantes, más bien gente famosa y de mucha calidad cantaban allí. Tuve una crítica muy buena en Juventud Rebelde hecha por Orlando Quiroga, en la cual resaltaba el repertorio, sobresaliendo, según sus mismas palabras, la “bochornosamente desconocida” “Perla Marina” de Sindo Garay. Y es que realmente, aunque hoy parezca raro, era así.

¿A quiénes agradeces haber caminado con pasos firmes desde el comienzo?

En realidad me ha ayudado mucha gente y en muchos sentidos, como amigos, como profesionales, pero en términos más prácticos y objetivos, la persona que más me ayudó fue Guillermo Barreto, ese gran percusionista, él y su esposa Merceditas Valdés. Precisamente fue Barreto quien me llevó a la televisión a un espacio que se llamaba “Noche Cubana”.

¿Siempre tuviste claro tu estilo como intérprete?

Había gente que me quería mucho y deseaba que triunfara, y por eso me recomendaba que cantara cosas comerciales, pegajosas, para darme a conocer. Pero entonces yo pensaba: si haces una cosa para que la gente te conozca y lo logras, ¿después qué? ¿Cómo cambias eso para hacer lo que quieres tú? ¿No es más fácil comenzar por la verdad y después poco a poco convencer a la gente? Ahora me estoy acordando de Martí, que decía que la música era el hombre escapado de sí mismo. ¿Quieres mayor verdad? No se puede traicionar una cosa como esa.

¿Qué sensación te produce estar ante el público?

Te voy a contestar con un cuento. Una vez estaba en la televisión haciendo Álbum de Cuba y le digo a Esther Borja, que era su anfitriona: “Esther, yo creo que no me voy a poder dedicar a esto porque cada día me pongo más nerviosa cuando tengo que salir a canta”, y me dice: “No te preocupes hija, porque eso con los años… empeora”. Y con el tiempo es cierto que sucede así, lo que uno se acostumbra a ese susto que hasta llega a disfrutarse, pero no se quita.

Por todos es conocida tu obsesión por la perfección, ¿siempre has sido así?

Creo que sí, pero hay anécdotas que acentuaron esos rasgos de mi personalidad. Recuerdo que allá por el 67, en el Amadeo Roldán, yo formaba parte del elenco de un festival de música popular en el cual estaba Bola de Nieve. Durante los ensayos, al terminar, me dirijo a la platea donde estaba Amaury Pérez García, el director, y le pregunté: “¿Qué tal estuve?”. Entonces, Bola se me acercó y me respondió casi en forma de regaño: “Nunca más le preguntes a nadie cómo estuviste, esa es una pregunta que te tienes que hacer a ti misma”. El día de la función, al bajar yo del escenario me pregunta él a mí: “¿Cómo estuviste?”. Creo que a partir de ese día soy la persona más exigente que existe consigo misma.

¿Cómo ha sido tu relación con el Movimiento de la Nueva Trova?

El movimiento se organiza como tal en 1972, en ese momento soy de las pocas solistas que canta la trova, no solo las canciones de los muchachos de entonces sino la vieja y antológica trova cubana, y aclaro esto porque hoy puede pensarse que la televisión siempre difundió este tipo de trabajo y no era así, hubo un bache importante como remanente de una mentalidad clasista y racista. Es la época del pop, de las lentejuelas, de las cancioncitas, y yo luchaba por cantar a Sindo, a Silvio. Eso trajo muchas incomprensiones en relación con mi trabajo. Los compañeros de la Nueva Trova me invitan a participar con ellos en varios conciertos y asisto, y luego, por supuesto, escojo entrar en el movimiento y añado a mi repertorio canciones explícitamente comprometidas.

De los integrantes del movimiento, siempre existió una comunicación muy especial entre Noel Nicola y tú, ¿cómo lo recuerdas?

Era una persona asombrosa por la forma de defender sus criterios, sus puntos de vista; por su nivel de honradez, por su coherencia y por su inmensa capacidad de trabajo. Para mí ha sido un placer cantar sus canciones que me acompañarán siempre. Con Silvio también he tenido una relación muy cordial, nos queremos y nos respetamos. Con Pablo es mucho más fácil, pues adora estar siempre rodeado de amigos y es una gente muy querible. También tengo muy buenas relaciones con Santiago Feliú, Carlos Varela, y tuve una conexión muy singular con Donato Poveda. Amo la trova, la vieja y la nueva, y estará presente en mi trabajo siempre.

Causas la impresión de ser una mujer muy delicada, ¿es solo eso: una impresión?

Mira, casi nadie se conoce a sí mismo, es una pregunta muy delicada (risas). Intentaré responderte. Soy muy activa, soy de personalidad sanguínea, siempre estoy haciendo cosas y buscando proyectos, pero al mismo tiempo soy obsesa con el tema del equilibrio, me gusta la armonía. Soy una persona suave, de maneras suaves, pero para nada débil, soy muy terca, y cuando me propongo una cosa lo hago o si no, “lo hago”.

Son 50 años de entrega en el mundo de la música, ¿qué es lo que más te satisface?

Creo que el haber sido fiel a mí misma, eso puedo decirlo con entera satisfacción.

Así terminó nuestro diálogo para el documental hace seis años. Durante el tiempo transcurrido ha seguido siendo noticia por su incansable labor, al igual que sus fonogramas Por La Habana, Estas conmigo (homenaje a Bola de Nieve), Obsesión (homenaje a Benny Moré), Cantar la trova (junto a Pancho Amat) y Siempre en mi corazón (homenaje a Lecuona). Su trilogía La canción cubana está presente en Cubadisco. Por supuesto, que no nos extrañará que corra igual suerte que sus predecesores y se alce con varios lauros en esta nueva edición. Confió su voz a músicos de talla extra y a la disquera Colibrí y estamos seguros de que la espera ha valido la pena. No he tenido la suerte de escucharlo, pero estoy convencido de que por derecho propio el disco suena cubano.